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De cómo un desplante se transformó en un reto

Con la misma nostalgia que la embargó ese 2 de octubre de 2005, Constanza Villadiego Medina recuerda la frase de uno de los socios de la empresa de gestión humana que, sin remuneración, ayudó a crear: “Si le sirve así sin salario bien, sino pues puede irse”.

Ella sólo quería convenir un acuerdo de remuneración económica que le permitiera vivir dignamente, antes de que pudiera acceder a la pensión a la que tenía derecho por haber trabajado algo más de 20 años con el Ministerio de Defensa Nacional, en el área de selección de personal.

Fue, sin duda, un día para olvidar. Constanza, una dedicada psicóloga de la Universidad Católica, especializada en recursos humanos, había aceptado la invitación convencida de que no le vendría mal experimentar nuevas posibilidades de desarrollo profesional, especialmente porque a su edad, 43 años para la época, se sentía con arrestos suficientes para seguirle aportando a la sociedad.

Fueron nueve meses dedicados de tiempo completo a consolidar el proyecto, tanto en lo operativo como en lo financiero. Hizo de todo, fue gerente, secretaria y mensajera, sin embargo, y pese a su empeño y a lo que significó sacrificar el tiempo de su familia, recibió un portazo que hoy evoca sin rencor, especialmente por la lección que le dejó tanto en lo personal como en lo profesional.

Su voz dulce y frágil del otro lado de la línea sugiere la calidez de su carácter. Su relato es claro y ordenado. Refiere cada detalle con precisión buscando que su historia de vida, su sueño de familia, pueda ser ejemplo para quienes añoran servirle a Colombia desde la independencia laboral.

– ¿Y qué la motivó a estudiar psicología?, le pregunto, tratando de buscar explicaciones a la fortaleza y al ímpetu que hoy la acompañan.

Ella se toma unos segundos para responder, permanece en silencio y concluye que su elección profesional estuvo motivada por la formación que recibió de las religiosas del Colegio Divino Salvador, de Bogotá, donde cursó sus estudios primarios y secundarios.

– La educación allí tiene un alto componente humanista y el trabajo social es clave en la formación de los estudiantes.

Esa fue la razón que la llevó a preferir la psicología como campo de realización profesional y, hoy más que nunca, está convencida de que su decisión fue acertada.

El Salvatoriano, como también se conoce en Bogotá a este plantel, se define como una “institución educativa católica de carácter privado que humaniza y educa en valores cristianos, que promueve una educación de calidad desde la pastoral y que forma integralmente a sus estudiantes para que sean agentes de cambio”.

Esos principios de vida han guiado las decisiones y las actuaciones de Constanza Villadiego Medina, ella ha sido agente de cambio en su familia, en su vida laboral y lo es ahora en el Instituto de Diagnóstico Psicológico (IDIPSI), la empresa que creó un 10 de octubre de 2005, hace ya siete años, gracias a una espontánea sugerencia de Carolina y Camilo, sus dos hijos.

Un sueño hecho realidad

El desplante llevó a Constanza y a su familia a emprender este proyecto empresarial que provee soluciones integrales en recursos humanos, supervisión, control de operaciones y asesoría especializada a reconocidas firmas nacionales como Servientrega, Nestle, la Federación Nacional de Cafeteros, Ópticas GMO y hasta al mismo Comando General de las Fuerza Militares.

Con ese portafolio de clientes podría suponerse que IDIPSI es una empresa robusta, muy grande, de mucho capital y de cientos de empleados, pero no, el Instituto es una empresa familiar que surgió con apenas tres millones de pesos en una pequeña oficina arrendada en el norte de Bogotá en donde todo era alquilado, hasta el servicio de recepción.

No fueron fáciles aquellos días, empezar genera miedo y también trae sus riesgos, sin embargo, la firme decisión de Constanza y de su familia no tenía reversa. Su esposo Eduardo Camacho, administrador marítimo y especialista en finanzas, le ofreció apoyo anímico y económico para dar el primer paso. Con su tarjeta de crédito compraron los equipos básicos para arrancar.

Como Antonio Machado, el ilustre poeta sevillano, el hogar de los Camacho Villadiego sabía que el caminante hace camino al andar y que cada día viene acompañado de retos y de su propio afán.

En la intimidad de su morada definieron el nombre, la imagen y las líneas de negocio del proyecto que visualizaron como una empresa de servicios en psicología, con tecnología de punta y desde la cual se ofrecieran todas las áreas de la profesión de manera integral: clínica, educativa, organizacional, jurídica y forense, del deporte y del consumidor.

Desde entonces han transcurrido siete años y en ese tiempo han sucedido muchas cosas, todas buenas, por fortuna, aunque no sencillas de alcanzar.

Sus hijos, como su instituto, han crecido y madurado. Carolina estudia ingeniería industrial en la Universidad de la Sabana y Camilo, ingeniería de sistemas en la Universidad del Bosque. IDIPSI tiene hoy una sede propia en la Calle 74ª No. 20C – 43, en el barrio San Felipe, de Bogotá. Desde allí genera 10 empleos directos y al menos otros nueve indirectos al tiempo que cuenta con la alianza de psicólogos y trabajadores sociales distribuidos en las ciudades de Bogotá, Barranquilla, Cali, Cartagena y Medellín.

Por momentos Constanza interrumpe su relato. Su mutismo es emotivo, es evocador. Se toma su tiempo para saborear cada recuerdo, cada instante, cada dificultad. Al final una sonrisa de satisfacción se dibuja en su rostro, es, sin duda, la expresión más sublime del éxito, del deber cumplido.

“Empezamos a realizar proyectos enfocados en el diseño de pruebas psicológicas cuantitativas y encontramos unas creadas en Austria y comercializadas por Estados Unidos para países desarrollados”, explica con el gozo de haber hallado una herramienta vital para el logro de su misión.

Se trataba de unos instrumentos que permitían aterrizar diagnósticos psicológicos para la toma de decisiones. “Hicimos el contacto, estudiamos las 300 pruebas y escogimos las que venían en español. Con un crédito compramos las primeras 50 de cada una y empezamos a comercializarlas”, concluye.

IDIPSI no es sólo un instituto para proveer soluciones integrales en recursos humanos, como reza su misión, IDIPSI es además un centro de investigación en el área del comportamiento humano y buena parte de sus pesquisas se han orientado al estudio de los valores.

Éste podría considerarse un enfoque novedoso si se tiene en cuenta que los mecanismos tradicionales de reclutamiento de personal se enfocan hacia determinar capacidades, competencias, productividad, relacionamiento, pero el de los valores es un asunto que desde siempre ha desvelado a Constanza y a su equipo de colaboradores.

Pero por qué tanto ahínco por el tema de los valores. Aquí es pertinente una explicación. Cuando el presidente de la República, Juan Manuel Santos, se desempeñó como ministro de defensa en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, mostró especial preocupación por comportamientos inapropiados de algunos miembros de la fuerza pública.

“Si todos reciben la misma formación, la misma educación durante la instrucción en cada una de las fuerzas, por qué se presentan faltas que atentan contra la ética del servicio público”, se preguntó Santos y luego de analizar el tema con sus asesores llegó a la conclusión de que durante la selección de los aspirantes se evaluaba lo físico y lo psicológico, pero se omitía valuar las competencias del ser.

Movido por semejante preocupación el entonces ministro le pidió a IDIPSI identificar pruebas que permitieran medir los principios de vida que guían el comportamiento de los individuos y que a partir de ellas planteara algunas recomendaciones ajustadas al contexto socio – cultural del país.

“Pedimos algunas pruebas a nivel mundial que desarrollaran este tema, hicimos un trabajo interdisciplinario con filósofos, antropólogos sociales y psicólogos, buscando la realización de un marco teórico y del desarrollo de la prueba”, explicó Constanza. Luego de este ejercicio se propuso una prueba propia basada en criterios educativos y familiares característicos de la sociedad colombiana.

Este instrumento de evaluación de los valores personales se halla en una etapa que los especialistas en el área denominan como de “validación estadística” y durante el cual se han practicado 2.300 pruebas a miembros del Ejército, la Armada, la Policía y la Fuerza Aérea. A finales de noviembre IDIPSI aspira a tener los resultados de la validación y concluir así una fase importante de su proceso investigativo.

Este ha sido uno de los mayores retos para los profesionales del instituto y la experiencia les ha dejado enormes satisfacciones, una de ellas es el prestigio alcanzado: IDIPSI es reconocida como una empresa líder en el ramo del diagnóstico psicológico en Colombia.

Además de su contribución a la selección de personal en empresas nacionales, el instituto brinda asesorías en orientación profesional, realiza pruebas psicológicas automatizadas y evaluaciones de confiabilidad a través de visitas domiciliarias y exámenes de poligrafía a los potenciales aspirantes a un cargo.

También diseña programas de capacitación para instituciones públicas y privadas, colegios y grupos sociales de diversa naturaleza.

Además de los servicios referidos, IDIPSI ofrece consulta psicológica individual a quien lo solicite, así ha contribuido a quebrar el paradigma de que la cita con el psicólogo es clasista y costosa. Quien acude a pedir ayuda puede encontrar una terapia de acompañamiento a sus problemas, que en opinión de Constanza es una forma de servirle a la sociedad.

Hacia el futuro próximo el instituto espera contar con un departamento de proyectos especiales que aunque hoy no es lo suficientemente fuerte, pretende consolidarse como uno de los más importantes del país. Pese a las limitaciones actuales, el instituto interactuó con la Universidad de la Sabana y Colciencias en la gestión de recursos para acceder a tecnología específica que permita evaluar procesos de aprendizaje de niños y niñas de Cajicá y Chía. “El proyecto fue aprobado pero el rubro de adquisición de material fue recortado y no se ha podido desarrollar”.

Desde ese departamento de proyectos especiales se busca igualmente hacer realidad uno que permita acceder a instrumentos de valoración para facilitar el diagnóstico y la intervención de pacientes con Parkinson.

En estos primeros siete años de existencia IDIPSI ha centrado el 90 por ciento de su accionar en el área organizacional. La psicología clínica y la educativa se han desarrollado en un 30 por ciento y se prevé que en el corto tiempo empiecen a ofrecerse servicios de psicología del deporte, del consumidor y jurídica y forense.

Responsabilidad social

Constanza es una mujer piadosa, una condición espiritual heredada de sus padres y que ha procurado inculcarles a sus hijos y a quienes comparten su sueño. Esa piedad, que ha madurado hacia una fe inquebrantable, le ha permitido ser perseverante, abnegada, disciplinada y tolerante.

Esos valores que inspiran su vida son los mismos que soportan el día a día en la empresa, allí todos son una familia, allí se procede en función del servicio al prójimo y se promueve la humanización de la jornada laboral. Nadie puede quedarse en las oficinas después de las cinco de la tarde y la norma es estricta en el caso de las mujeres, que en IDIPSI son mayoría. Esta regla de oro busca el bienestar de los trabajadores y sus familias.

“Cuando un empleado tiene alguna dificultad personal, desde la Junta Directiva se busca la manera de ayudarlo y mis hijos, que hacen parte de la junta, participan activamente en la toma de estas decisiones”, asegura con orgullo la gerente fundadora del instituto.

Esa línea de comportamiento ha llevado a la familia de IDIPSI a proponerse un programa de responsabilidad social empresarial en psicología para atender, de manera gratuita, a las niñas del Colegio Secretariado Social, de Soacha, una institución de educación básica y media de carácter privado que atiende a niños y jóvenes de estratos 1, 2 y 3.

Soacha, que se ubica al sur de Bogotá, es uno de los municipios más densamente habitados del departamento de Cundinamarca y el de mayor conflicto social por los niveles de pobreza de sus residentes.

Allí se concentra una población cercana a las 600 mil personas que con frecuencia experimentan carencias en materia de seguridad, servicios públicos y empleo. Precisamente esa falta de oportunidades ha conllevado a que buena parte de su fuerza productiva, hombres y mujeres en edad laboral, tengan que desplazarse a Bogotá para ocuparse en oficios diversos que van desde la vigilancia, los servicios generales o el cultivo de flores.

Cientos de trabajadores se movilizan desde la madrugada en el vetusto e insuficiente sistema de transporte, dejando atrás a sus familias y sólo regresan en la noche para ver como sus hijos han crecido, o como han sido absorbidos por las pandillas, las drogas, la bulimia o la anorexia o como han contribuido a incrementar las estadísticas de deserción escolar.

A esos niños y jóvenes, a esas familias humildes de Soacha quiere ayudarles IDIPSI a partir de su experiencia en el estudio del comportamiento humano. Desde la psicología, y en asocio con las directivas del colegio Secretariado Social, se aportará en la recomposición de su proyecto de vida o en su modelamiento si es que aún no lo tienen.

Un aliado inspirador

“Me fascina ser proveedora de una empresa como Servientrega, es una inspiración”, confiesa Constanza Villadiego Medina, en referencia a una de las compañías más sólidas y de mayor crecimiento en el ramo de la mensajería.

IDIPSI hace parte de la cadena logística de proveedores de esta firma de soluciones de envío que se gestó en el municipio de Jenesano, Boyacá, por iniciativa de los hermanos Luz Mary y Jesús Guerrero, y que hoy ha expandido su radio de acción a los cinco continentes.

La fascinación de Constanza hacia Servientrega está motivada porque, en su opinión, sus fundadores son un ejemplo de vida y de perseverancia, un modelo del trabajo bien hecho, muy humano, muy espiritual, y de mucho empeño por hacer realidad lo que se proponen.

Una muestra de ese modelo de vida empresarial está dado por la obstinación de Servientrega, a través de la Fundación Entrégate a Colombia, de fortalecer a sus proveedores, de verlos crecer cómo ella lo ha hecho. IDIPSI siente haber madurado gracias a su cercanía y no duda en que seguirá su ejemplo.

Mientras el instituto sigue creciendo, Constanza repasa en su mente la expresión retadora de sus hijos, aquel 2 de octubre de 2005, cuando, abatida por el desplante de que fue víctima, llegó a su casa:

– ¿Y por qué tú no haces tu propia empresa?

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